La ropa es uno de los espejos que marcan nuestros cambios temporales. Todos tenemos temor a no entrar en la ropa de la temporada anterior por haber engordado. En el caso de mi madre la ropa se hace grande año tras año. Ayer estuvimos revisando los vestidos de verano y de un año a otro le vienen enormes. Yo temía que se agobiara, sin embargo el hecho de ir a la modista a que se los arreglasen le gustó como plan. Curioso ya que comprar ropa es algo que odia. Creo que es porque es todo un reto para ella decidir que es lo que le gusta.
Así que ese fue el plan de ayer por la tarde. Una bolsa con 8 vestidos y con mis padres a la sastra. Lo más divertido la paciencia de mi madre con mi padre (y digo de mi madre con mi padre) ayudándola a desvestir, y lo más dulce, mi madre esperando a mi padre en la calle porque se había vuelto a casa a buscar la cartera, mientras ella preocupada decía "dónde estará este hombre, qué estará haciendo".
jueves, 23 de junio de 2011
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