La semana pasada las fiestas de Navidad me llevaron a casa de unos amigos. Hablando con una de las hijas mayores de la familia y de la enfermdad de mi madre ella recordó los años en que vivían en casa con los dos abuelos de la familia, y una tía mayor. Su madre que hacía de cuidadora de los tres ancianos tenía además dos niños pequeños. Recordaba la hija los trabajos de su madre cambiando pañales a los tres adultos y a los dos peueños, y lo dura que fue esa época (dura y bonita al mismo tiempo). Recordando esos días me dijo una frase que creo que da de pensar. Nunca hay que dejar de ser hijo para convertirse en un mero cuidador. Quizás lo mismo sirva para los conyuges, nunca hay que dejar de ser esposos para aconvertirse en cuidador tan solo.
No sé, aquí la lanzo para la feflexión.
jueves, 6 de enero de 2011
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